Publicidad
Publicidad

Reportaje

Vinos y viñedos exóticos


Una imagen de Rosenthal, la bodega más grande de Malibú
La Revista todovino - A. Cervera (15 de diciembre)
Tags: Curiosidades   viñedos extremos   

Una de las características más llamativas de la vid es su increíble capacidad de adaptación a una gran diversidad de climas y orografías; algo que va unido, en cierta medida, a la cabezonería del hombre por cultivarla en los parajes más extraños o impracticables.

La vid puede crecer en los lugares más insospechados y en condiciones realmente extremas. Algunos de los viñedos que se mencionan a continuación podrían ser incluso aptos para el libro Guinness de los récords.

Inclinación máxima
Los viñedos más escarpados de Europa hay que buscarlos en Alemania, en el valle del Mosela. El conocido como Calmont está considerado por la Wikipedia como el de mayor inclinación del mundo y ofrece unas vistas impresionantes sobre el pequeño pueblo de Bremm y las propias aguas del río. El nombre originario, puesto por los romanos, era mons calidus, algo que no es difícil de entender teniendo en cuenta cómo deben de incidir los rayos de sol en esta pendiente con 65 grados de desnivel y que en tramos concretos puede alcanzar inclinaciones aún más vertiginosas.

Tampoco resulta extraño que áreas muy importantes del mismo fueran descuidadas por los viticultores en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado. Según relata Michael Schmidt la superficie productiva pasó de 25 a apenas seis hectáreas y la forma de recuperarlo ha sido explotar su atractivo turístico que incluye una pequeña ruta de escalada. “Una vez que uno ha experimentado de primera mano sus condiciones especialmente adversas –señala el experto– se siente moralmente obligado a apoyar a los viticultores y comprar sus vinos”.

No piensen en un cuidado y ordenado viñedo, sino más bien en pequeños espacios ganados esforzadamente a la roca y a la montaña (hay 300 metros desde la base situada a la altura del Mosela hasta la cima) en un paraje hostil y no apto para quien sufra de vértigo. Cultivar la vid también puede ser peligroso.

Algo menos extremo, le sigue el viñedo Uhlen, situado en Winninger, cerca de la confluencia del Rin con el Mosela, que alcanza una inclinación de 50 grados. En esta ocasión el nombre procede de la palabra alemana para designar búho. Con forma de anfiteatro y exposición sur está considerado como uno de los lugares más cálidos de Alemania y también es el viñedo en terrazas (con unos 30 muros de piedra) más grande del país.

La característica distintiva de la zona del Mosela, una de las de calidad más reputada para los vinos alemanes, es precisamente la ubicación de sus viñedos en pronunciadas laderas (sus equivalentes en España habría que buscarlos en Priorat y Ribeira Sacra), lo que les convierte en algunos de los más difíciles y costosos de trabajar del mundo, imposibles de mecanizar y abocados inevitablemente a un sacrificado trabajo manual. En contrapartida, la inclinación del terreno permite que los rayos de sol incidan directamente sobre los racimos y que se alcance una madurez que sería a todas luces imposible en estas latitudes sobre un terreno llano.

Las cosas del cambio climático
Mientras expertos y científicos discuten sobre si se puede hablar abiertamente o no de cambio climático (y las últimas noticias parece que decantan la balanza definitivamente hacia el sí) , en el mundo del vino parece claro que en los últimos años la vid ha conquistado lugares en los que antes no era capaz de sobrevivir. Quizás la buena reputación alcanzada por algunos espumosos ingleses y el interés que algunas bodegas de Champagne están demostrando por elaborar al otro lado del Canal de La Mancha sea el mejor ejemplo de ello.

Incluso en España, Miguel Torres, una de las firmas más concienciadas del cambio climático y especialmente preocupada por el medioambiente, ha declarado abiertamente su búsqueda de viñedos septentrionales más cercanos a los Pirineos. De la misma forma, algunos elaboradores empiezan a explorar las posibilidades de variedades tintas en la cornisa Cantábrica, desde los txakolis del País Vasco a cepas autóctonas gallegas un tanto olvidadas. Y todo esto coincide con los anhelos de frescura tras la moda de los tintos cálidos, alcohólicos y concentrados que han sido lo “más” en la última década.

Pero los límites de cultivo de la vid no sólo se están ampliando hacia el norte. Si nos trasladamos al hemisferio sur, los viñedos más frescos se situarán en las zonas más meridionales de los distintos países productores. Y aquí también se están rompiendo fronteras. Jancis Robinson ha escrito sobre las nuevas tierras conquistadas por los productores chilenos y argentinos. Según sus datos, algunas de las bodegas más meridionales del mundo ahora mismo son El Hoyo en Argentina, situada en un lugar aislado de la provincia de Chubut en la Patagonia y aún más al sur Lechagua, en la isla Chiloé, en el vecino Chile.

Sin llegar a estos extremos, las regiones “frescas” más activas de estos dos países (Neuquén y Río Negro en Argentina, y Maule y Bío Bío en Chile) están claramente al alza. El español José Manuel Ortega Fournier en su última aventura chilena tras las bodegas de Ribera del Duero y Argentina nos trasladaba hace unos días su entusiasmo por las excelentes posibilidades de Maule y su convencimiento de que se situará en lo más alto de los vinos de calidad chilenos.

Algo más lejos, en Australia, país especialmente tocado por la sequía, la escasez de agua y los excedentes de las últimas cosechas, la nueva zona fresca por excelencia es la isla meridional de Tasmania.

El más frío, el más seco…
Pero existen fríos mucho más extremos. Quizás esto les suene demasiado estrambótico, pero el año pasado el New York Times dedicó un artículo a un tal Dr. Slotte por haberse convertido en uno de los primeros viticultores finlandeses. Lo más lejos posible del Círculo Polar Ártico, en las islas Aland, que están situadas en el mar Báltico entre Suecia y Finlandia (curiosamente constituyen la más pequeña de las provincias finlandesas pero se habla sueco), consiguen sobrevivir, con algunos trucos adicionales, algunas variedades de uva especialmente resistentes al frío. En concreto se habla de una cepa letona capaz de soportar temperaturas de 22 grados bajo cero.

Para combatir las gélidas temperaturas, el Dr. Slotte rocía sus vides con agua como se hace en algunos viñedos del mundo para combatir las heladas. Aquí realmente las cepas quedan encapsuladas en el hielo para protegerse de temperaturas que bajan mucho más allá del punto de congelación. En invierno utiliza paneles aislantes y la poda está enfocada a que en la época de maduración los racimos crezcan lo más cerca posible del suelo para que puedan absorber su calor.

Tan increíble como que se pueda cultivar la vid en el escenario helado de los países nórdicos es que la misma planta puede sobrevivir a las puertas del desierto africano de Namibia. Pero aquí también hay una historia extrema y sorprendente que contar. Es la de Neuras Winery, que en el idioma local quiere decir “lugar de agua abandonada”. Allan Walkden-Davis, antiguo director de Shell Namibia, compró la propiedad en 1996 y al año siguiente se atrevió a plantar algunas cepas de merlot y syrah.

En la zona donde se encuentra, en la parte meridional del país, llueve sólo entre febrero y abril y el índice de precipitaciones no supera los 100 mm. pero hay aguas subterráneas que se capturan para el riego y además existe un fenómeno climático que ayuda a que la maduración de los granos no sea excesivamente rápida: un viento fresco procedente de la costa (del oeste) que suele soplar por las tardes y permite ralentizar el proceso. De hecho y según un artículo publicado este año en The Namibian, la vendimia suele darse en febrero, tres meses más tarde de lo que otros viticultores de la zona recogen sus uvas de mesa.

Neuras Winery elabora un syrah y una mezcla de syrah y merlot dentro de una producción total que no ha superado nunca las 3.000 botellas aunque su propietario tiene planes para expandir el viñedo.

Un viñedo en mi mansión
¿Les suena Malibú? ¿Qué es lo primero que les viene a la cabeza? Exclusiva zona residencial en el entorno de Los Ángeles, famosos y estrellas de cine… Pues bien algunos de sus habitantes, entre ellos nombres más y menos conocidos, han decidido dedicar un trocito de sus terrenos a tener su propio viñedo.

Sin embargo, Malibú, que se extiende a lo largo de una línea de más de 40 kilómetros a lo largo de la costa del Pacífico, no parece ser el lugar más adecuado para tener éxito como viticultor. Como reflejaba un artículo de Los Angeles Times, aunque se pueden delimitar tres zonas térmicas (más calor a medida que uno se aleja de la costa) que permite cultivar un abanico de variedades que van desde la pinot noir y la chardonnay hasta la syrah pasando por merlot y cabernet sauvignon, los inviernos son bastante calurosos, lo que puede ocasionar brotaciones tempranas. Además, las densas nieblas que se generan en primavera amenazan con dañar seriamente la floración y provocar moho y mildiú. Por otro lado, el riego es imprescindible y el acceso al agua y el coste que representa en algunos casos es alto.

Así que el resumen son viñedos diminutos, a menudo asesorados por expertos que consideran que hacer vino en Malibú es tres veces más caro que en cualquier otro sitio y que desde luego exige un esfuerzo bastante superior. Pero también parece haber el número suficiente de adinerados personajes que están dispuestos a realizar el desembolso necesario para ello. Entre ellos, guionistas, propietarios de restaurantes o actores como Emilio Estévez. La primera elaboración seria de Estévez fue un pinot noir de la cosecha 2007 que envejeció en una única barrica; eso sí, con la mitad de capacidad que una al uso debido a su minúscula producción.

Este mes en el Club

Dos versiones de albariño expresivas, rompedoras y muy seductoras

Este mes visitamos
Viña Nora

As Neves, Pontevedra

En Video

Viaje con nosotros a la bodega
Viaje con nosotros a la bodega
La Cata
La cata