Aunque esté situada pared con pared junto a las instalaciones de Luis Cañas, en Villabuena (Rioja Alavesa), la familia ha pensado que el proyecto de Bodegas Amaren tenía entidad más que suficiente para arrancar por separado, ampliando la gama de vinos y potenciando el gran trabajo de identificación y estudio de viñedos que ha venido realizando en los últimos años.
Dejando al muy personal Hiru 3 Racimos como gran estrella de Luis Cañas, el concepto de Bodegas Amaren se centra en el trabajo con viñedos muy seleccionados, en su mayoría pequeñas parcelas de viñas viejas y muy viejas con extensión inferior a una hectárea, situadas en laderas y terrazas y en suelos en su mayoría arcillo-calcáreos.
La definición de la gama de vinos de la nueva bodega viene precisamente de los parámetros registrados en el viñedo. El Tempranillo y el Graciano se elaboran con cepas de más de 60 años y menos de 3.500 kilos por hectárea para el primero y menos de 3.000 para el segundo. El nuevo Ángeles de Amaren, que se sitúa en el entorno de los 16 € y debe ser el tinto más accesible de la gama, con viñas de más de 40 años y rendimientos entre 4.500 y 5.000 kilos por hectárea; y, por último, el también nuevo Amaren Blanco Fermentado en Barrica procede de plantas de más de 50 años y rendimientos de unos 5.000 kilos por hectárea.
La mayor parte de los viñedos están en el mismo municipio de Villabuena, pero también se trabaja con viñas de Leza, Baños de Ebro, Samaniego y Navaridas.
En la elaboración, el concepto de Amaren, un tempranillo criado 18 meses en roble francés, se ha mantenido más o menos estable desde sus orígenes, pero se han ido introduciendo mejoras a lo largo del tiempo. Las más significativas, la fermentación en tinos de madera a partir de la cosecha 1996 y la introducción de la mesa de selección con la excelente añada 2001.
Calidad perfectamente escalonada
El vino no se elaboró en 1997, 2000 ni en la cálida cosecha 2003. En esta última sus uvas pasaron a enriquecer el Luis Cañas Selección de la Familia dando lugar a una de las más memorables añadas de este último.
Al contar con vinos prácticamente en todas las tipologías y segmentos de precio, en Luis Cañas se pueden permitir el lujo de trabajar con una meticulosa escala de calidades. Si no se consigue el nivel necesario para elaborar algunos de los top, las uvas o los vinos pasan al escalón inmediatamente inferior. Así, en pasos sucesivos, lo que no llega para Reserva de la Familia, se destina al Luis Cañas Reserva, los descartes de éste pasan al Crianza y la selección más básica va al vino joven o se vende a terceros.
Pero quizás lo más interesante es que este “corrimiento de escalas” se realiza ya desde la propia viña durante la fase de seguimiento de maduración y vendimia y, naturalmente, continúa durante las fases posteriores de elaboración y crianza.
El esfuerzo llega a casi todos los vinos de la casa. Hoy en día, es una realidad que el 40% del crianza (que tiene un precio de venta al público de unos 8 €) pasa por cinta de selección.
Un nuevo ingrediente en 2004: graciano
Volviendo al Amaren Tempranillo, se ha mantenido siempre el carácter estrictamente monovarietal (100% tempranillo) de la marca hasta la cosecha 2004, la última en ver la luz del mercado, y en la que se ha incluido un 8% de graciano. La receta no es nueva para la casa, ya que les viene funcionando a la perfección en su Hiru 3 Racimos, donde esta variedad tiene más peso aún en el ensamblaje y llega al 15%. Por otro lado, no hay que olvidar que Bodegas Luis Cañas firma uno de los mejores gracianos españoles, una uva realmente difícil de trabajar en solitario como pudimos comprobar en una cata realizada hace unos años. Sin embargo, y como el Amaren 2004 deja ver perfectamente, puede marcar diferencias importantes en el coupage.
La familia Cañas vendimia en la actualidad entre 35.000 y 50.000 kilos de graciano al año dependiendo de las características de la cosecha, pero de éstos sólo entre 3.500 y 5.000 kilos proceden de viña vieja. Muchas de estas últimas, entremezcladas en los viñedos más viejos que controla la bodega, se suelen identifican en las últimas fases de maduración con un lazo rojo para distinguirlas de las de tempranillo y poder decidir de forma independiente el momento idóneo de vendimia.
Según nos contaba Juan Luis Cañas en el transcurso de la cata, no sólo es la primera vez que la graciano entra en el Amaren. También es la primera vez que se incluye un ensamblaje con participación de graciano en la cata final en al que equipo técnico y responsables deciden cómo será el vino definitivo que saldrá al mercado. La idea, según Cañas, es “que la graciano esté sólo si va a mejorar el vino”.
Cuando catamos esta cosecha para La Guía Todovino, nos pareció el Amaren más mineral y profundo que habíamos probado. En el contexto de la cata vertical, el vino ofrecía un perfil diferente, con marcadas notas balsámicas (esa dimensión vegetal tan carácterística de la variedad) y una frescura especialmente gratificante y destacada en la que intuimos esa alta acidez que a menudo hace imbebible a la graciano por sí sola.
Recorrido de añadas
Realizamos la cata junto a Juan Luis Cañas, el hombre que ha liderado la modernización en esta firma familiar de Rioja Alavesa, en dos baterías. Primero la década de los noventa; luego la primera década del siglo XXI. Los vinos más evolucionados lógicamente fueron 95, 96 y 98, mientras que el 99 se veía aún muy entero y, catado a ciegas, probablemente hubiera pasado por un tinto mucho más juvenil.
Si la cosecha 95 aguantaba bien el tipo, pero casi todos pensamos que ya no daría mucho más de sí, y en 98 estaban más presentes las notas de la barrica, la 96 nos sorprendió por su tanino de seda y una nota terrosa un tanto enigmática que añadía complejidad al conjunto. Hubo una cierta conexión en este sentido con la cosecha 99 que, sin embargo, se mostró mucho más firme y estructurada y, por tanto, con vida por delante. Paradójicamente esta añada fue muy complicada en la zona, con la calificación sólo de “buena”, pero está claro que la bodega consiguió burlar la climatología y hacerse con algunas uvas de excelente calidad.
En la última batería, 2002, una añada algo menos compleja, resulta en cambio muy agradable e inmediata, con buena limpieza de aromas y definición frutal. Es el vino más bebible de la década, frente a un 2001 poderoso y de gran fuerza bruta que, eso sí, hace gala de un tanino bastante aterciopelado y un 2004 mineral y de vibrante acidez, excelente y quizás lo mejor que haya salido de la marca hasta la fecha al mercado, pero que también introduce un patrón distinto y en el que parece que un poco de graciano hace mucho. Con un precio en el entorno de los 30 €, es un tinto asequible entre los grandes, una compra aceptable y una muy buena opción para aficionados pacientes y con bodega propia.
Notas de cata
Amaren Tempranillo Reserva 1995
Rubí borde teja. Aroma a canela, especiados, vainilla, guinda en licor. Redondo y fluido en boca, cierta calidez en final, taninos granulados. Tabaco en retronasal y recuerdo de café.
Grado:13,4% vol.
Producción: 15.000 botellas
Características añada: Año seco pero de lluvias bien distribuidas, con temperaturas que no superaron los 30 grados en verano y permitió una maduración lenta sin paradas ni desfases en la maduración.
Consumo: Gustará a los amantes de los vinos maduros, con complejidad aromática y muy pulido. Para beber ya sin esperar demasiado.
Amaren Tempranillo Reserva 1996
Rubí borde teja, algo más intenso que el anterior. Caramelo de café, vainilla, crème brûlée, evoluciona a notas empireumáticas y recuerdos de caramelo de violeta. Más completo en boca que el anterior, con más acidez, nota terrosa que le da carácter, final a frutos secos (avellana, dátil) y naranja confitada.
Grado: 13,6% vol.
Producción: 22.000 botellas
Características añada:Invierno y primavera fríos y con heladas, con más calor de lo habitual en junio y un verano de temperaturas moderadas y lluvias poco abundantes que que ralentizaron el inicio de una vendimia de buen estado sanitario.
Consumo: Más entero que 95, podría aguantar más, aunque está en un momento realmente “dulce”.
Amaren Tempranillo Reserva 1998
Rojo rubí borde teja. Notas lácticas (caramelo, toffee), anisados, fruta escarchada, abundantes notas ahumadas. Muy goloso en boca, con taninos más voluminosos y abundantes notas lácticas. Un vino muy entero, pero más marcado por su crianza en madera que los anteriores.
Grado: 14,2% vol.
Producción: 27.980 botellas
Características añada: Primavera y verano con temperaturas relativamente altas frenadas por un septiembre más lluvioso y fresco de lo habitual. La ausencia de lluvias en octubre permite concluir una cosecha muy escalonada y tardía, pero con buenos niveles de maduración.
Consumo: Un vino bastante entero al que le queda bastante vida en la botella.
Amaren Tempranillo Reserva 1999
Granate intenso y un salto significativo en el color de la batería. Nariz perfumada y delicada, con carácter de fruta roja (frambuesa y cereza) y florales (rosa marchita). Boca con estructura, tanino firme, recuerdos de cacao en polvo y carácter terroso que recuerda al 96.
Grado: 13,9% vol.
Producción: 28.674 botellas
Características añada: Cosecha de influencia atlántica y ciclo corto. Con una fuerte helada en abril, altas temperaturas en julio y agosto, y un septiembre lluvioso. Muchos viñedos de Luis Cañas se salvaron de las inclemencias y se consiguieron partidas que la bodega califica “de calidad incluso por encima de la mítica cosecha 1994”
Consumo: Es un vino interesante, pero tiene capacidad para seguir desarrollándose. No sería descabellado descorchar botellas dentro de dos, cuatro y seis años.
Amaren Tempranillo Reserva 2001
Picota borde granate. Nariz intensa. Mucha confitura de fruta negra (ciruela) y torrefactos, con ligera nota de cuero. Muy potente en boca, pero con tanino aterciopelado, profundo y frutal. Con gran potencial para desarrollar en la botella.
Grado: 14,2% vol.
Producción:58.388 botellas
Características añada:Invierno lluvioso, primavera y verano secos pero con aporte de lluvia gracias a algunas tormentas.
Consumo: Claramente, su mejor momento está por llegar, aunque los amantes de la fruta y la intensidad pueden disfrutar ya de él gracias a sus amables taninos.
Amaren Tempranillo Reserva 2002
Picota borde con matiz violáceo. Muy limpio en nariz, con fruta roja, notas de regaliz, especias dulces y pastelería, aunque quizás menos complejo que otros. Boca goloso, con buena acidez, con ligera nota de su crianza en final.
Grado: 14,4% vol.
Producción: 24.816 botellas
Características añada: Temperaturas muy frías en diciembre que provocaron retrasos en el ciclo y una caída de la producción, más una fuerte helada en abril, verano anómalo y con lluvias intermitentes que provocaron botritis.
Consumo: Un Amaren algo más inmediato, pero también más fácil y que se disfruta muy bien ahora mismo.
Amaren Tempranillo Reserva 2004
Picota amoratado. Un tinto muy serio y profundo, mineral, con el contrapunto de una frescura y dimensión balsámica que no aparece en los anteriores (laurel, eucalipto, hierbas aromáticas), fruta roja. Muy amplio y potente en boca, especialmente profundo y larguísimo final conducido por su excelente acidez. ¿Desarrollará en el futuro el toque terroso que nos encandiló en 96 y 99?
Grado: 14,3% vol.
Producción: 42.155 botellas
Características añada: Invierno de lluvia y nieve, primavera de bajas temperaturas hasta mayo seguida de una rápida recuperación, agosto más fresco de lo habitual y marcadas diferencias térmicas día-noche que permitieron una maduración muy lenta.
Consumo: Es, sin duda, el vino para guardar. Durante cuánto tiempo dependerá del gusto de cada aficionado y de si prefiere vinos con fruta más explosiva o con más evolución.